Comprarse un coche en Texas o cómo sobrevivir a los dealers

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Este post llega un poco tarde porque ya llevo más de un mes con mi cochecito y mi consecuente libertad de movimiento, ¡qué ya era hora!

Pero, aunque ahora soy la tía motorizada más feliz del estado de Tejas, debo reconocer que fue como un parto. El día que por fin tuve el coche no me lo podía ni creer entre las ganas que tenía y la de problemas que hubo hasta que llegó.

Después de un año dependiendo de todo el mundo para todo lo que suponía salir de casa me decidí a comprarme un coche. Me saqué el carnet de conducir en abril pero decidí que quería un coche en verano. Así que cuando llegué este otoño a Commerce empecé a mirar cosillas. Después de valorar las diferentes opciones (comprar a un particular o a un dealer) me decidí por comprar el coche en un dealer para facilitar los papeleos y no tener que hacerlos yo.

Para el que no lo sepa, porque yo era una total ignorante antes de buscar coche, los dealers en Estados Unidos son los que se dedican a la compra-venta de coches usados. Su fama no es la mejor y se la tienen, por lo general, bien ganada. Lo primero que te dice un americano cuando le dices que vas a comprar un coche en un dealer es que te andes con ojo y no te dejes engañar… por algo será.

De todos modos, hay dos tipos de dealers. Los que compran y venden coches de todas las marcas y los que van asociados a un concesionario o a una marca concreta: toyota, chevrolet, ford… Los primeros te la cuelan en cuanto pueden y si te he visto no me acuerdo. Los segundos un poco menos porque tienen una marca detrás a la que representan y no les conviene que no te vayas contento, pero aún así hay que andar con pies de plomo.

Y ante estas advertencias ahí que me fui yo, ignorante de la mecánica y del movimiento sobre ruedas a negociar el precio de mi coche. Recorrimos varios dealers de Dallas (los que están cerca de Commerce es mejor ni mirarlos de reojo), de los que tienen a la marca detrás. Todos tenían coches demasiado caros o demasiado desastres. Ya de bajón nos íbamos y nos topamos con el dealer de Chevrolet. Entramos por entrar, porque si en toyota o ford no tenían coches asequibles no los iban a tener en chevrolet. Pero resultó que sí, que tenían uno que no habían revisado pero que encajaba con lo que yo quería. Me lo dejaron más barato porque lo dejé pagado aunque no me lo pude llevar ese día, tenía que pasar la revisión.

Esto un sábado, y en teoría el coche me lo daban el lunes. Pero no. Ni el lunes, ni el martes, ni el miércoles… ni en los 10 días siguientes. Después de que me dieran largas unos cuantos días resultó que no querían darme el coche porque no estaba en buenas condiciones. Quisieron devolverme el dinero pero con el cabreo que tenía les dije que yo no quería el dinero, que quería un coche. Así que… me dieron un coche. Uno valorado en el doble de los que yo había pagado porque no tenían uno más barato. El sufrimiento mereció la pena🙂

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Ahora me río y estoy feliz con mi cochecín, pero fueron un par de semanas morrocotudas.

Así que nada, si compráis un coche en Estados Unidos, ¡preparaos para jugar a la lotería! Yo gané el gordo🙂 Un poquito de suerte también me la merecía.

Besos motorizados😉

Mónica

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